lunes, 30 de julio de 2007

Hacía tiempo que no recibíamos un tormunto de nuestros lectores, esperemos que pronto recibamos más. Aunque no tienen porque ser tan largos como este.

Bienvenido al mundo real

Pongámonos en situación: Eres un alumno de último curso de Ingeniería Informática, con las míticas y clásicas ilusiones de todo aquel apunto de terminar la carrera. A priori todo parece asequible, y el año siguiente te ofrecen un año de proyecto en una empresa cuya primera impresión es muy buena. Por si fuera poco, la definición del proyecto cumple sobradamente las expectativas que tenías para el mismo, ya que encaja dentro del marco de tus preferencias. ¿Qué puede salir mal?

El tiempo pasa felizmente desarrollando tu proyecto. Poco a poco, lo que al principio era confusión y dudas se transforma en seguridad y decisiones. ¡La cosa marcha! Los desarrollos avanzan a un ritmo incluso más rápido del esperado, y a mitad de año ya se están utilizando en la propia empresa desarrollos que buenamente has diseñado y desarrollado.

Pero, y es que siempre tiene que haber un pero, cierto día surge el primer problema. Uno de los proyectos importantes de la empresa no va al ritmo que debería ir. Y no estamos hablando de un cliente cualquiera, sino de varios que, literalmente, manejan la pasta de todos nosotros (bueno, y los de cierta cooperativa de cuyo nombre no quiero acordarme). Ya te temes lo peor: vas a tener que empezar a dedicar el tiempo de tu preciado proyecto en otras tareas que poco o nada tienen que ver con él. Y la profecía se hace realidad el día que te confirman que momentáneamente, tu proyecto se detiene para pasar a formar parte del equipo de desarrollo para los nuevos y flamantes clientes. Para más INRI, quedaba la parte más interesante de tu proyecto. Lástima, pero por lo visto nada puede salir bien del todo en esta vida ¬¬.

Y así empiezas, pensando que la cosa no puede torcerse mucho más. ¡Pero vaya que si lo hace! Poco a poco ese grupo maravilloso del que formabas parte se convierte en un único individuo que, adivina, eres tú. Llevas el peso del desarrollo. Eso que a priori no suena tan mal, se convierte en una pesadilla según se acerca la fecha del descargo al cliente. Miles de tareas que no puedes terminar ya que surgen otras a cada cual más importante, y el incompetente que tienes como responsable tiene menos capacidad organizativa que las vacas de enfrente de tu casa… Resumiendo, te ha tocado comerte todos los marrones. De cara al cliente eres un programador altamente cualificado y experimentado, pero te dan ganas de decir ‘oye, q sólo soy un becario, o eso dice mi sueldo…’.
Cuando todo va mal
Pero no hay problema, porque siempre tendrás el apoyo de tu universidad. ¿Siempre? Bueno, siempre y cuando a ellos les venga bien… osea que vete quitando días y días a ese ‘siempre’. Mejor dejémoslo en nunca. Pero la respuesta es sencilla: todo da igual, porque no es más que una farsa. El único perjudicado eres tú que ves como las ilusiones del principio se convierten en carreras a última hora perdiendo días de tus vacaciones. Porque las pierdes tú, pero no el resto, que quede claro.

Aporte de Narendil

1 comentario:

Iñaki dijo...

Hola! Te acompaño en el sentimiento. Yo la verdad que en ese sentido no he tenido problemas, los mios han sido otros (y bastante menos duros que los tuyos).
Segun iba leyendo el post me ya me imaginaba ke eras tú. Esa forma de contar las cosas es inconfundible.

Nada majo, ke tengas suerte y no sufras mucho.